Por qué siempre dije que no escribía (Sentimiento de pertenencia 1 parte)
Siempre escribí, pero siempre dije que no escribía. Lo que escribía lo sacaba de lo más profundo de mi ser de lo que realmente pensaba de las cosas, diría más, era absolutamente lo más radical que pensaba, lo más inconfesable pero no lo único.
Siempre pensé que si algún día eso salía la luz destrozaría todo mi mundo y a mí misma así que lo dejé preparado para que saliera la luz tras mi muerte y a veces pensé que ni eso merecía la pena. Esos escritos contenían una cantidad de rabia contenida precisamente por no poder ser escuchados.
Cuando por fin empecé a descubrirlo, cuando me acepté y empecé a mostrarme sin filtros a los demás, empecé a escribir y ya no tenía esa necesidad de ir a lo más profundo, radical e insoportable de la vida o de la condición humana porque yo ya no estaba en ese lugar, estaba en un lugar habitable y es de ese lugar habitable podía escribir cosas que podían leerse sin dañar a nadie.
La que escribía era la yo más radical pero también era otra de mis máscaras, la enrabietada con un mundo que no le dejaba ser ella misma. Lo que escribo actualmente está libre de conflicto para mí, no me importa lo que piense el resto, no es que me sienta totalmente aceptada pero siento que si podría llegar a hacerlo. Al escribir tras reconciliarme conmigo misma y con el mundo no sale la rabia y miedo, lo que escribo no sale del aislamiento, sale de mi luz y esa es la verdad que realmente quiero compartir, creo que esta es mi versión más real . Escribo una verdad que es muy dura pero que se transmite de una manera amable y accesible, ya no necesito escribir desde el terror de las profundidades del alma humana torturada, ya no estoy torturada y eso lo ha cambiado todo.
Cuando me relacionaba con las personas con la “versión pública” de mí me sentía, sobre todo con las que tenían una personalidad atrevida o fuerte, que yo me hacía muy pequeñita, me quedaba callada y escuchaba y la gente pensaba que yo era tímida, no tonta, pero tampoco demasiado inteligente,… escuchaba mientras pensaba en todas las cosas que decían, lo poco que me interesaban, lo harta que estaba del monólogo, lo poco que participaba, si realmente yo a esas personas le importaba, qué pasaría si yo decía lo que realmente pensaba… en cierta manera, todo el que estaba a mi lado y no por culpa suya, era un enemigo. Si yo hubiera sabido quién era realmente hubiera podido defenderme y decir: cállate! no escuchas! o simplemente haber hablado cuando tocaba y que las cosas se hubieran organizado de mejor manera, pero no era así, yo me hacía pequeña la gente me barría y yo lo comprendía, todo los justificaba y dejaba que esa parte de mí muriera sola en esas profundidades donde todo estaba mal pero donde yo realmente habitaba. Mantuve mucha relaciones de este estilo. Había personas que eran menos invasivas y que me permitían sacar más de mí misma pero en ningún momento yo me dejé de censurar, siempre tendía a intentar agradar para que no me abandonaran. No tenía miedo al abandono solo porque era diferente, tenía miedo al abandono por muchas otras razones, una tormenta perfecta para intentar agradar a toda costa a la vez que intentaba ser una persona íntegra, y lo conseguía, pero solo mostrando una pequeña parte de mí , con un sobresfuerzo tremendo que amputaba el 70 % de mi ser.
De vez en cuando en alguna relación profunda amorosa encontré personas con las que podía compartirme enteramente. Eso me hizo volcarme en el amor de una manera obsesiva, la verdad es ni la vida en pareja ni las relaciones romántica son algo que yo valore en exceso, lo que me mantenía enganchada, era esa comprensión profunda, mostrarme tal cual era y ser aceptada.
Han pasado muchos años en los que continuamente le he estado dando vueltas a cómo comunicarme con este mundo, a cómo hacerme entender, cómo ser lo más honesta posible, cómo deshabitar la rabia que tenía dentro, la oscuridad, lo destructivo, lo que me hacía emborracharme hasta caerme al suelo. Lo intentaba de mil maneras y nunca lo conseguía porque en realidad no sabía que estaba pasando dentro de mí , yo estaba mal, defectuosa ,rota, mal hecha, desgraciada como decía mi hermano, algo malo había en esa niña que prometía tanto por ser inteligente, pero que decepcionó a todos, darte cuenta que no eres defectuosa es muy difícil y más cuando pasan los años y desarrollas enfermedades crónicas orgánicas entonces todo el mundo tiene un pretexto para verificar que eres y siempre ha sido una loca y estás somatizando. Eres la rara siempre lo fuiste por mucho que intentaras camuflarlo y ahora estás enferma por ende nadie se lo cree, ahora para ellos el relato encaja: esto es parte de tus problemas mentales. Al principio cuando mi problema se podía considerar agudo la gente no dudaba, la duda llega con la cronicidad, la cronicidad les enfrenta una situación inevitable que podría transformar sus vidas para siempre, ante tan desagradable realidad prefieren pensar que es un problema que viene de tu mente ya que si no fuera así les podría pasar a ellos, así que se aferran a esa idea, es tu mente lo que no te permiten curar, tus traumas profundos y en ese desplazamiento se sienten más seguros ante lo catastrófico de lo inevitable, la enfermedad no les va a alcanzar.
Así se prendió la chispa adecuada: la discapacidad te lleva al extremo en todos los ámbitos de tu vida, pierdes tu identidad, todo por lo que has trabajado, tus relaciones…el camuflaje ya no tiene sentido, no tienes nada que perder, la profecía se cumplió te han abandonado, el miedo modeló tu comportamiento y te convirtió en una persona que anticipaba el rechazo, y esa no eras tú, eras la tú asustada relacionándose, ese miedo no vino solo de experiencias en las que mostrarse equivalía al rechazo, a veces ni siquiera hacía falta mostrarse para recibir rechazo o violencia, viviste en una familia que esperaba de ti cosas que sabías que no podías darle, viviste incoherencias y disfuncionalidades , violencias increíbles normalizadas, abusos disfrazados de amor, viviste entre personas que eran crueles sin saberlo y a veces sabiéndolo pero aún así eran las que “te querían” …¿cómo aprender a relacionarse en un ambiente tan contradictorio? El miedo al abandono que atravesaba toda tú comportamiento relacional era una amalgama que se vino gestando por diferentes y abundantes circunstancias que propiciaron él mismo y con el empuje de la discapacidad finalmente llegó a cumplirse. Ese miedo tan profundo te llevó a lugares que nunca debiste habitar o que habitaste mal porque no conocías otra cosa, al final no quedó nadie, cuando caíste en la cronicidad, ninguna de tus relaciones tenía las bases adecuadas. La discapacidad se lleva casi todas tus relaciones en cualquier caso pero cuando además has estado camuflando te aseguro que no te va a quedar nadie y si tu familia es disfuncional tampoco se quedará o si se queda te hará más daño que otra cosa. Lo que estoy aseverando no es una regla universal es mi historia pero también la de muchas.
En mi caso no tener nada que perder me hizo ganarlo todo, me hizo peor persona para algunos, los que se beneficiaban del miedo, pero me deje ver por primera vez y resulta que ante esa yo sin miedo ya no había relaciones donde la suspicacia del abandono fuera la protagonista, no es que haya descubierto el secreto para que nadie te traicione o de la perfecta asimetría relacional, solo se las prácticas que debo evitar y no acepto en mi vida a cualquiera, selecciono, cosa que nunca hice, mostrarse tal, cual es la mejor manera de atraer a las personas compatibles.
Esto me llevó a escribir sobre otros temas que nada tenían que ver con aquellas profundidades, ya no sentía ese miedo continuo, empecé a escribir y podía decir lo que pensaba, ser exactamente como soy y la sorpresa fue que fui aceptada, no solo en lo que escribía también en cómo me comportaba, nunca voy a tener muchos amigos, tampoco lo pretendo porque soy incapaz de sostener muchas relaciones para mí es muy cansado y eso es algo que también he aprendido y respeto, no tengo porque ser la reina de la fiesta, no tengo por qué mostrar éxito a través de mis amistades, soy una persona que necesita una o dos relaciones profundas con las cuales me pueda comunicar, el resto para mí es anecdótico, pero tanto con la relaciones profundas como con las anecdóticas siempre me muestro tal cual, ya no hay “versión pública “y “versión privada”.
Escribir para un público para mí era algo inimaginable, pero ahora es una realidad tangible. La moraleja no es que tengas que llegar a hundirte en el infierno para conseguir cierta paz, eso lo dejaré para otro artículo, pero en mi historia sí que tuve que sentir el abandono para mostrarme a los demás. No me considero una escritora profesiona pero escribir siempre me hizo bien aunque formaba parte de mi vergüenza ahora pude decir sin ningún género de dudas que soy una sinvergüenza
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