Perder la fe en el amor al enfermar

Cuando te has criado escuchando constantemente que la familia es lo más importante y lo único que queda cuando llegan los momentos difíciles y cuando llegan no los tienes, no te apoyan, te rechazan y tu actitud les incomoda y les pone en lugares que no quieren habitar. Cuando tienes que asumir que tú no encajas en ese núcleo familiar y que tus diferencias son irreconciliables… en tu cabeza se produce una disonancia que no se resuelve solo con identificarlo.

Soltar la idea del amor filial y la del romántico por mucho que te haya destrozado es renunciar a estructuras muy arraigadas, valores y comportamientos que daban sentido a lo que eras y hacías, puede  llevarte toda una vida reconstruir otra forma de amar o directamente puede destruirte como ser en potencia de amar.

Yo no he tenido la suerte de conocer un amor sano, hay gente que dice que existe y quiero créelo: existen las familias funcionales y parejas que se complementan, se apoyan y cuidan mutuamente a pesar de las dificultades. He tenido muchas parejas y me he sentido sola cargando con el vínculo, no sé si son los tiempos que me ha tocado vivir pero estar en pareja, el lugar donde me refugié cuando mi familia me falló, resultó una vivencia  tremendamente injusta como mujer  y madre.

Lo que llaman familia elegida, la bendita amistad, para mí ha sido más de los mismo.

No puedo negar mis experiencias por eso no puedo creer en el amor. Dicen que el amor mueve el mundo pero el mío desde luego lo mueve muy mal, no le voy a decir a nadie que el amor es una patraña pero yo solo veo personas intentando sobrevivir a sus propias vidas como pueden,  que se anteponen cuando llegan las dificultades ya sea por intereses concretos, ya sea por creencias limitantes, ya sea por mantener cierta tranquilidad emocional… por más que he apostado por ello y en lo dulce del querer, él el precio que se paga cuando te das cuenta que todo lo que hiciste fue fantasear para mantener un discurso que te habían enseñado, ese golpe, esa soledad, esa pérdida de fe que te lleva a reconstruir tu vida entera y tus valores, es tan jodidamente insoportable que no me extraña que la gente siga intentando creer que existe aunque tengan experiencias similares,  es demasiado duro vivir sin esa fe.

La esperanza es algo que tampoco puedo permitirme actualmente, la esperanza me ha hecho demasiado daño y para mí la pérdida de la misma no ha sido el fin  ha sido el principio, no sé de qué, pero de algo.

Yo no sé cómo vivir habiendo enfermado de manera crónica y sufriendo las injusticias, institucionales, médicas, sociales, teniendo que dejar de creer en el amor filial, en el de amistad  y el romántico. Tampoco le recomendaría a nadie que escoja  este camino si puede seguir engañándose, fantaseando o si tiene la suerte de creer con certeza que tiene “eso” que dice llamar amor incondicional.  Creo que los seres humanos no estamos preparados para vivir como átomos que jamás llegaran a juntarse de ninguna manera aunque formen un todo necesario donde no sabes cuál es tu lugar dentro del sistema, necesitamos amar y reconciliar esa maldad destructiva que vemos con la idea de que la unión  entre seres humanos es posible.  A mí me ha tocado atravesar esta deconstrucción por cojones, pero es demasiado triste y quisiera que algo me devolviera esa fe, supongo que no he podido dejar totalmente de esperar, que aún estoy viva y quizá haya algo de esperanza  pero la tengo en pausa, invernando,  soy como esos seres que permanecen muertos hasta que llegan de nuevo las condiciones adecuadas para volver a dar signos vitales.

Creo que en esto, más allá de todo lo que he relatado,  muchas personas con discapacidad se sentirán identificadas porque sin tener que llegar a este nihilismo asqueroso habrán sentido el crujir de muchas de sus creencias y están esperando a renacer con su nueva forma en algún lugar donde su valor no se cuestione y con él su merecimiento de amor. “¡Qué suerte tienes que te aguanta tu novio!”….Esa es la sociedad que en la que vivimos, una persona que enferma se convierte en un saldo que permanece en la caja de ofertas por temporadas. Estás “inocentes” frases dicen más de cómo somos como sociedad ante la discapacidad que toda la proclama y el postureo que hay sobre falsa inclusión.

Las personas con  discapacidad enfrentamos esto  en nuestro día a día: el cuestionamiento del valor como seres humanos y esto es inhumano, pero ahí seguimos unas más jodidas otras menos pero bien jodidas atravesando el dolor de no pertenecer por perder la salud. Mantener la fe si podéis, no perdáis la esperanza porque quizá en algún momento podamos volver a vivir en el amplio sentido de la palabra, un quizá es todo lo que yo me permito.